domingo, 8 de diciembre de 2013

Art Basel Miami y la eterna pregunta: ¿Qué es arte?

¿Qué pasa cuando las provocaciones ya no provocan y el público tiende a pensar que antes que arte se trata de una tomadura de pelo? Esa es la sensación que pueden causar en el público algunas de las piezas expuestas en Art Basel Miami Beach

Todos sabemos poner una mochila en el suelo o colocar una sartén en un hornillo, pero no son dignas de exponerse en una feria de arte. Sin embargo, estas son algunas de las propuestasque se exhiben este año en Art Basel Miami Beach, a vueltas con la eterna polémica: ¿Qué es arte?

El irreverente urinario de Marcel Duchamp, elevado al estatus de escultura, supuso un cambio provocador y radical en la tradicional definición de arte. Revolucionó un siglo, al igual que lo hicieron en su momento las pinceladas de Goya o la revalorización del primitivismo por Gaugin.

Pero, ¿qué pasa cuando las provocaciones ya no provocan y el público tiende a pensar que antes que arte se trata de una tomadura de pelo?

Esa es la sensación que pueden causar en el público algunas de las piezas expuestas en Art Basel Miami Beach, el escaparate mediático y la feria de arte más importante de las Américas, que permanecerá abierta hasta este domingo.

Hay que reconocer que la feria respira tal intensidad y despliega tan enorme diversidad de propuestas artísticas que el público camina fascinado de galería en galería y de sector en sector, orientándose como puede entre la multitud. Toda una proeza.

Participan en esta duodécima edición 258 galerías seleccionadas (de un total de 700) procedentes de 31 países y unos dos mil artistas, lo que da una idea de la gigantesca muestra instalada en el recinto ferial de 20 mil metros cuadrados del Centro de Convenciones de Miami Beach.

Le entran al visitante, que forma parte del común de los mortales, serias dudas de si algunas de las piezas expuestas no serán una broma de calibre mayor con regusto a tomadura de pelo.

Sobreviene la mochila, sobre una peana. Se trata... pues eso, de una mochila negra por la que su propietario debió sentir un afecto especial.

Cara de estupefacción se le queda también al visitante frente al aparato de aire acondicionado con maceta y el hornillo con sartén, propios de un "efficiency" o vivienda modular modesta para estudiantes de bajos recursos.

Entre las favoritas figuran también el sillón para descabezar una siesta y el salpicado de sombreros sobre el suelo, aunque esta última propuesta parece perfecta como foto para la portada de algún posible libro del desasosiego del gran Fernando Pessoa.

Tampoco se quedan atrás, al menos en gusto dudoso, el empapelado con invocaciones de un Bosco urbano que se exhibe en una galería y una de las favoritas del visitante: la dorada escultura de un efebo montando un caballito con balancín.

Claro que el gusto dudoso se combate con el mal gusto o, directamente, con el exabrupto. Véase el letrero luminoso antisistema donde se lee "Motherfucker", toda una apuesta a la complicidad irónica con el público.

La felicidad de los objetos que formaron parte del pasado de algún tío abuelo del artista queda plasmada en el descaro de la motocicleta vespa roja, audaz y cosmopolita que se exhibe.

Con respecto al mundo del motor sentimental, la moto plateada con pajarito muerto en el depósito de la gasolina es todo un hallazgo artístico y ecologista.

Se trata, bien mirado, de una oportunidad única para asumir los retos y la diversidad de las corrientes y tendencias contemporáneas que recoge Art Basel Miami Beach a través de artefactos que plantean serios dilemas metafísicos: como la bolsa para la ropa sucia donde apunto estuvo de arrojar por error el visitante el papel de una chocolatina. Junto a la bolsa, una tapa del alcantarillado de la ciudad parece una obra maestra del surrealismo.

Una obra que resulta todo un acierto a la hora de ahorrar en reformas de vivienda y transporte de material es la vistosa bicicleta para cargar ladrillos. La incomodidad queda suplida por el ahorro del alquiler de una camioneta para mudanza y obra en casa.

El visitante siente especial debilidad por el calamar gigante, un cefalópodo que a la plancha da mucho juego y puede entretener el apetito mientras pasea uno por la feria.


EFE

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